Antes de cada encuentro paso un buen rato armando la selección musical. No es una playlist cualquiera: cada canción tiene que abrir una puerta distinta — hacia la calma, hacia la energía, hacia el encuentro con otro.
Presto especial atención a la secuencia: cómo se pasa de un estado a otro sin que sea brusco, dándole al cuerpo tiempo para acompañar ese cambio.
No hay una fórmula fija — la música de una clase depende de lo que traiga el grupo ese día, del clima, incluso de la época del año. Por eso, aunque uso ciertos temas de base con frecuencia, ninguna clase suena exactamente igual a otra.

Una nota sobre la primera vez que un grupo se anima a soltar la mirada.
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Una explicación breve sobre la lógica del sistema y su origen.
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Testimonios cortos de quienes vienen encontrándose semana a semana.
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